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El diabético y el daño en su retina

  • Foto del escritor: eduardoroditi
    eduardoroditi
  • hace 5 horas
  • 3 min de lectura

Hoy recibí en consulta a un paciente de 48 años. Una persona joven, activa, funcional, de esas que llegan pensando que “seguro no es nada grave”, pero con una molestia muy clara: estaba viendo menos.

Tenía diagnóstico de diabetes mellitus tipo 2 desde hace 8 años. Actualmente se controla con insulina y su hemoglobina glicosilada estaba alrededor de 7%, que para muchos pacientes suena como “más o menos bien”. Y sí: controlar el azúcar es fundamental. Pero aquí viene una de las partes más importantes de la diabetes que mucha gente no sabe: aunque el control sea razonable, los ojos se tienen que revisar.

La diabetes puede dañar los vasos sanguíneos más pequeños del cuerpo. Y la retina —esa capa interna del ojo que funciona como la “pantalla” donde se forma la imagen— está llena de vasos pequeñitos. Cuando esos vasos se dañan, pueden empezar a fugar líquido, sangrar, cerrarse o formar vasos nuevos anormales. A eso le llamamos retinopatía diabética.

El problema es que la retinopatía diabética puede avanzar en silencio. Muchas veces el paciente no siente dolor, no nota enrojecimiento y no tiene síntomas importantes hasta que la enfermedad ya afectó la mácula, que es la zona central de la visión, o hasta que aparece una hemorragia dentro del ojo.

Por eso insistimos tanto en las revisiones preventivas. No es para asustar. Es porque, cuando encontramos los cambios a tiempo, podemos actuar antes de que la visión se pierda de forma irreversible.

Una de las herramientas más importantes para proteger la visión en casos avanzados de retinopatía diabética es la panfotocoagulación retiniana, también conocida como láser panretiniano o PRP. Es un tratamiento con láser que se aplica en la retina periférica cuando la diabetes ha producido falta de oxígeno, vasos anormales o riesgo de sangrado dentro del ojo. Su objetivo es disminuir el estímulo que hace crecer esos vasos frágiles y peligrosos.

Dicho de forma sencilla: la panfotocoagulación no devuelve mágicamente la visión perdida, pero puede evitar complicaciones graves como hemorragias vítreas, desprendimiento de retina traccional y pérdida visual severa.

Por eso, en diabetes, revisar la retina a tiempo es clave. Cuando detectamos la enfermedad antes de que sangre, antes de que jale la retina, antes de que el paciente pierda visión de forma irreversible, podemos intervenir.

Y muchas veces, una panfotocoagulación hecha en el momento correcto puede salvar visión.

Y esa es la frase que me gustaría que se quedara en la mente de cualquier persona con diabetes:

Un laser puede salvar visión para siempre.


Las guías de práctica clínica —las famosas PPP, Preferred Practice Pattern— insisten en algo muy simple: toda persona con diabetes tipo 2 debe revisarse los ojos desde el momento del diagnóstico y continuar con controles periódicos. Si ya hay retinopatía, la frecuencia de revisión cambia. Puede ser cada año, cada seis meses, cada tres meses o incluso antes, dependiendo de la severidad.

El azúcar importa. La presión arterial importa. El colesterol importa. La función renal importa. Pero también importa mirar la retina.

Porque el ojo muchas veces nos cuenta la historia vascular del cuerpo.

A veces el paciente llega por “baja visual”, pero la retina nos muestra años de daño silencioso. Y ahí es donde tenemos que cambiar la conversación: no esperar a ver borroso para revisar. No esperar a sangrar. No esperar a que “algo pase”.

La retinopatía diabética es una de las principales causas de pérdida visual prevenible en adultos. Y la palabra clave es esa: prevenible. No siempre se puede evitar al 100%, pero sí se puede detectar, tratar y vigilar mucho mejor cuando el paciente llega a tiempo.

Así que si tienes diabetes, aunque te sientas bien, aunque tu azúcar esté “decente”, aunque no uses lentes, aunque veas normal: revísate la retina.

Y si tienes un familiar con diabetes, mándale este recordatorio.

A veces, una consulta de retina no solo revisa los ojos.

A veces cambia el futuro visual de una persona.

 
 
 

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