“El doctor no me dijo nada”: cuando la salud no puede esperar
- eduardoroditi
- hace 7 días
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Hace poco recibí en consulta a un paciente que llegó por baja visual.
No era una molestia vaga. No era simplemente “veo un poco borroso”. Era una pérdida visual real, de esas que hacen que una persona finalmente se siente frente al médico y diga: “algo no está bien”.
Al revisarlo, encontramos una oclusión de una vena de la retina.
Dicho de forma sencilla: una de las venas que drena la sangre de la retina se tapó. Cuando eso pasa, la sangre no puede circular normalmente, la retina se congestiona, aparecen hemorragias, líquido e inflamación. Muchas veces se afecta la mácula, que es la zona central de la visión, y entonces el paciente empieza a ver borroso, distorsionado o con una mancha central.
La retina es como una ventana al estado vascular del cuerpo. Y cuando una vena de la retina se ocluye, casi siempre tenemos que preguntarnos: ¿cómo está la presión? ¿Cómo está el azúcar? ¿Cómo está el colesterol? ¿Hay diabetes? ¿Hay hipertensión? ¿Hay otros factores de riesgo?
En este caso, revisando su historia, el paciente tenía estudios de laboratorio de hace dos años donde ya aparecía una hemoglobina glicosilada de 8%.
Para quien no está familiarizado con ese número: una hemoglobina A1c de 8% no es “normal”. Es un dato claro de diabetes mal controlada o, por lo menos, de un metabolismo que requiere atención médica seria.
Pero el paciente no hizo nada.
Y cuando hablamos de eso, salió una frase que escuchamos más seguido de lo que uno quisiera:
“Es que el doctor no me dijo nada.”
Y aquí quiero ser muy claro, pero también muy humano: sí, los médicos tenemos la responsabilidad de explicar, orientar y alertar. Pero cada uno de nosotros también tiene una responsabilidad individual sobre su propia salud.
No podemos vivir como si nuestro cuerpo fuera responsabilidad exclusiva de alguien más.
Si un estudio sale alterado, hay que preguntarlo. Hay que llevarlo con un médico. Hay que darle seguimiento. Hay que entenderlo. Hay que actuar.
Porque el cuerpo sí avisa. A veces avisa con números. A veces con presión alta. A veces con azúcar elevada. A veces con visión borrosa. Y cuando esperamos a que el aviso sea la pérdida de visión, muchas veces ya llegamos tarde.
Hoy estamos tratando a este paciente con inyecciones intraoculares de anti-VEGF, medicamentos que ayudan a disminuir el edema macular y mejorar la visión en muchos casos de oclusión venosa de la retina. Y afortunadamente está mejorando.
Eso es una buena noticia.
Pero también hay que decir la parte difícil: ya hay secuelas. Ya hubo daño. Ya hubo una complicación que probablemente pudo haberse reducido o detectado antes si sus factores de riesgo hubieran sido tratados a tiempo.
Después de este episodio, por fin fue con un médico internista para empezar a atender formalmente su hipertensión y su diabetes.
¿Tarde? Sí.
¿Demasiado tarde? No necesariamente.
Porque en salud, casi siempre es mejor empezar tarde que seguir en la negación.
Mejor aceptar el diagnóstico hoy que perder más visión mañana.
Mejor tratar la presión hoy que esperar un infarto, un evento vascular cerebral o una complicación ocular más severa.
Mejor controlar la diabetes hoy que normalizar años de daño silencioso.
Como retinólogo, muchas veces veo en el ojo la consecuencia de decisiones que se fueron posponiendo. No lo digo para culpar. Lo digo porque necesitamos cambiar la cultura de “si nadie me dijo, no era importante”.
Tu salud también necesita tu participación.
Guarda tus estudios. Léelos. Pregunta. Busca una segunda opinión si algo no te queda claro. Revisa tu presión. Revisa tu azúcar. Hazte responsable de los números que tu cuerpo te está mostrando.
La medicina moderna puede hacer cosas increíbles. Podemos inyectar medicamentos dentro del ojo. Podemos secar una mácula inflamada. Podemos estabilizar enfermedades que antes dejaban a muchos pacientes con muy mala visión.
Pero hay algo que ningún tratamiento puede hacer por completo: regresar el tiempo.
Este paciente está mejorando, y eso nos alegra. Pero su caso deja una lección importante:
No esperes a perder visión para tomar en serio tu salud.
A veces, el primer síntoma no es una advertencia.
A veces, ya es una consecuencia.
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